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miércoles, 27 de abril de 2011

ANA MARÍA MATUTE Premio Cervantes 2010

ÉRASE UNA VEZ... una escritora llamada Ana María Matute que, feliz pero nerviosa,  nos emocionaba con sus lágrimas y su tímida voz al pronunciar el discurso más cercano y entrañable del Premio Cervantes.


Desde muy niña, quizá desde que oyó por primera vez la "mágica frase" de "érase una vez...", Ana María Matute supo que entregaría su vida a la Literatura, una pasión de la que ha hablado hoy en su discurso de agradecimiento del Premio Cervantes, en el que ha evocado su infancia y sus comienzos como escritora.




"La Literatura ha sido, y es, el faro salvador de muchas de mis tormentas", ha dicho esta gran novelista tras recibir de manos del rey el galardón más importante de las letras hispánicas, un premio que ella considera "como el reconocimiento, ya que no a un mérito, al menos a la voluntad y al amor" que la han llevado a entregar toda su vida "a esta dedicación".


Ha sido un discurso intimista, sincero y emotivo, muy distinto al de otros galardonados, en parte porque, como ella ha confesado, no se le da bien este tipo de intervenciones y prefiere "escribir tres novelas seguidas y veinticinco cuentos, sin respiro, a tener que pronunciar un discurso", y también porque el estilo de Matute es único y hoy no tenía que demostrar nada: ahí están su obra y su inmensa capacidad de fabulación.
Matute, que no ha ocultado hoy su felicidad -"¿por qué tenemos tanto miedo de esa palabra?"-, no ha subido a la cátedra a leer su intervención, sino que lo ha hecho abajo, sentada en su silla de ruedas y junto al público. En más de una ocasión ha hecho reír a los asistentes con sus palabras, pero sobre todo los ha emocionado.


Referencias al Quijote


Apenas ha habido en su intervención referencias a Cervantes, aunque sí ha aludido, sin nombrarlo, al Quijote, ese "hombre bueno, solitario, triste y soñador", que "creía en el honor y la valentía, e inventaba la vida". Aquel soñador "convertía en gigantes las aspas de un molino, igual que convertía en la delicada Dulcinea a una cerril Aldonza. Inventó sensibilidad, inteligencia y acaso bondad -'el don más raro de este mundo'- en una criatura carente de todos esos atributos. ¿Y quién no ha convertido alguna vez a un Aldonzo o Aldonza de mucho cuidado en Dulcineo o Dulcinea...?, se ha preguntado con humor la autora de 'Paraíso inhabitado'.


Parafraseando a San Juan -"el que no ama está muerto"-, Matute cree que "el que no inventa no vive". Ella empezó a inventar en "un tiempo muy niño y muy frágil", en el que se sentía distinta: era tartamuda, "más por miedo que por un defecto físico", y las niñas de aquel tiempo, "mujeres recortadas, poco o nada tenían que ver" con ella.


Esa niña solitaria que fue Matute solo tenía un amigo, su muñeco Gorogó, que su padre le trajo de Londres a los cinco años. Gorogó está presente en 'Primera memoria', una de las novelas con las que esta escritora se siente "más identificada", y la acompañó también en sus primeros "inventos" literarios. Hasta que la autora supo que "en la Literatura -en grande-, como en la vida, se entra con dolor y lágrimas".


Acérrima defensora del cuento


La escritora ha evocado cuando con "la timidez, el asombro y la audacia" de sus "casi veinte años" se asomó "al mundo editorial". Con aspecto "más aniñado del normal" (llevaba calcetines), Matute iba cada día a la editorial Destino con su primera novela, 'Pequeño teatro', escrita a los diecisiete años, "a mano, en un cuaderno escolar, cuadriculado, con las tapas de hule negro". Un empleado se apiadó de ella y le consiguió "una entrevista con el director", el novelista Ignacio Agustí, quien con "infinita paciencia", le explicó que debía "pasarlo a máquina".


Le contrataron el libro y envió su segunda novela, 'Los Abel', al Premio Nadal. En aquella edición lo ganó "el gran Miguel Delibes", pero Matute tiene "aún la satisfacción y acaso orgullo" de que su obra "quedó en tercer lugar". Con 'Pequeño teatro' ganó el Premio Planeta en 1954 y ese fue su "verdadero bautizo de entrada en el mundo editorial". Empezó a conocer a escritores y continuó "inventando invenciones", entre ellas "arzadú", una palabra que creó para designar el nombre de una flor inexistente.


En la parte final de su discurso, la galardonada ha hecho una encendida defensa del cuento y ha arremetido contra quienes "mutilan, bajo pretextos inanes de corrección política", "la famosa crueldad de los cuentos de hadas".


Matute llama a los de su generación la de "los niños asombrados", porque así se sintieron cuando estalló la Guerra Civil española. El mundo "se había vuelto del revés" y por primera vez vio "la muerte, cara a cara, en toda su devastadora magnitud". Ese asombro también lo sintió cuando, "en cierta ocasión", vio surgir, "al partir un terrón de azúcar en la oscuridad, una chispita azul", algo que le reveló que ella sería escritora. "Aquella lucecita azul, aquel virus no me abandonó nunca", ha asegurado.


Si lo que quieres son imágenes haz clic en este enlace:
Entrega Premio Cervantes

jueves, 25 de noviembre de 2010

OLVIDADO REY GUDÚ / Ana maría Matute

Ayer, Ana María Matute fue galardonada con el Premio Cervantes y entonces recordé los buenos ratos que pasé leyendo esta  fantástica novela que te lleva a sumirte en un mundo maravilloso y respirar una atmósfera inigualable.
Entre el talento y la imaginación con que se desarrolla esta obra sorprende la fluidez y perfección con la que Ana María narra la historia, su manera de escribir casi insuperable en la lengua Española la hace una auténtica maestra que actualmente ostenta la letra “K” en la Real Academia siendo la tercera mujer aceptada en 300 años.

Ambientada en la Edad Media, Olvidado Rey Gudú tiene un gran componente de fabulación y fantasía, y narra el nacimiento y la expansión del Reino de Olar. Multitud de personajes, aventuras y el propio paisaje sumergen al lector en una trama en la que todo interviene: el ansia de poder, lo desconocido, el miedo, el placer de la conquista, el amor y la ternura. Como símbolos de lo inalcanzable, el misterioso Norte, la inhóspita estepa al Este, y el Sur, rico y opulento, limitarán la expansión de un Reino en cuyo intrigante devenir intervendrán la astucia de una niña sureña, la magia de un viejo hechicero y las reglas de juego de una criatura del Subsuelo.
Olvidado Rey Gudú compone la gran metáfora del Hombre y su Historia. Realidad y leyenda, pasado y futuro se confunden en una ficción que se nutre de las inquietudes, dudas y anhelos que desde siglos animan y dominan a la naturaleza humana.

Aunque en su haber tenga numerosos títulos publicados, para muchos lectores y especialistas en literatura la obra maestra de la escritora española Ana María Matute es “Olvidado Rey Gudú”, una fantástica propuesta publicada en 1996. Su autora lo señala como su libro favorito de entre sus obras, y  lo ha calificado como un «clásico de culto». Ha sido caracterizada como una alegoría antibelicista, aunque otros críticos le dan un carácter universal, una «obra sobre el tiempo y sus criaturas» donde la historia que se narra es «la historia de las emociones humanas». Con esta obra y en 2009, Matute fue la primera mujer en depositar la primera edición del libro en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes.

Quienes buscan opciones que les permitan descubrir el talento de aquellos autores a los que todavía no han leído, deberían evaluar la posibilidad de leer este libro ambientado en la Edad Media donde las aventuras y la imaginación demostrada por la escritora le aseguran al lector un buen rato de entretenimiento.
Como se puede descubrir al conocer el contenido de cada una de las páginas que forman parte de este material, hay motivos para ejercitar la memoria, razones para promover el miedo hacia lo desconocido, disparadores de pasiones y mucho de amor y ternura, además de evidenciarse un fuerte placer por las conquistas y profundas ansias de poder. Como en todo mundo, en este reino también, hay que decirlo, hay lugar para el dolor, la pérdida de la inocencia y el olvido.

Por la gran cantidad de personajes que adquieren protagonismo en esta historia y la extensión de la novela, para disfrutar por completo “Olvidado rey Gudú” es fundamental disponer de una buena cantidad de tiempo. Por fortuna, este relato hace que las largas horas destinadas a la lectura de la obra no sean en vano: el libro vale la pena, por eso no hay que considerar el tiempo reservado como una pérdida, sino como una inversión.
La verdad es que me dan ganas de volverlo a leer.

   En un lugar que nadie recuerda, pero que se sabe que estuvo en el corazón inhóspito del continente, hubo una vez un rey, allá por el año mil, a quién una hada profetizó al nacer un porvenir tan sombrío como deslumbrante: todo el poder sería suyo si renunciaba al amor y al llanto; de lo contrario, todo su mundo se perdería en el olvido...
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